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Opiniones políticas en formato pop
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Y ya estamos viviendo - una vez más - eso que se conoce como “año electoral” y comenzamos a ver caras gigantes por todos lados, caras acompañadas de frases grandilocuentes y colores chillones que tienen como objetivo llamar la atención de quien pasa. Las radios y la televisión también te sorprenden de tanto en tanto con un jingle basado - y esto es casi regla últimamente - en alguna canción pegadiza de moda y en Facebook los anuncios se transforman en una oferta indeseada de promesas y rostros sobre-expuestos al Photoshop.

Todo lo mencionado lo tomo como anecdótico o - poniéndole un poco de garra - hasta simpático, pero lo que hay detrás de todo esto es lo que me empuja a escribir estas líneas. Lo que hay detrás de toda la parafernalia de marketing político es una persona que desea llegar a tener el poder de afectar la vida de cientos de miles o quizás millones de personas con sus decisiones personales y particulares. Detrás de esos grotescos retoques de Photoshop y blanqueos dentales hay una persona con la suficiente dosis de narcisismo sociopático como para querer ser rector de la vida de los demás. Afectar la vida de cientos de miles o millones de personas con decisiones personales es una tarea que cualquier persona en su sano juicio rechazaría sin dudar.

Pero el político vivió toda su vida preparándose para ser tu salvador, para llegar a tu vida, tomarla entre sus manos y darle la forma que a él le gusta, no importa si lo que vos querés es otra cosa. El político tiene un trastorno mesiánico que lo hace creer que él y nadie más que él tiene las herramientas necesarias para mejorar la calidad de vida de las personas a las que pide que lo elijan como su salvador. A cambio de la solución a sus vidas el político pide genuflexión, adoración y constantes demostraciones de gratitud. Al político le gusta - creo que le encanta - saber que lo que él haga afecta directamente la vida de los demás y este conocimiento hace que se eleve a sí mismo por encima de a quienes engaña con mentiras sistemáticas mendigando por un voto de confianza.

Bienvenidos al año electoral, calendario gráfico de enfermos sociópatas y promesas hechas para ser rotas.

Otra vez sopa, pero no la que se escribe con mayúsculas y amenaza la libertad de la Internet, sino la del aumento del precio del combustible a través de la fijación estatal del coste de venta a surtidores y al público en general. Esto trae, como ya es costumbre, el casi inmediato pedido del gremio de dueños de empresas de transporte de uso público del precio del boleto, otra fijación de precios estatal, o, en su defecto, del subsidio que hace que el precio del boleto se mantenga estable.

El periódico Ultima Hora en su edición digital de hoy desglosa de manera muy simple la situación:

“Ayer, el Centro de Empresarios de Transporte Público del Área Metropolitana (Cetrapam), presentó de manera oficial el pedido de aumento del 20 % del subsidio. Es decir, piden pasar de cobrar G. 4.500.000 a G. 5.400.000 por cada bus habilitado al mes.

Teniendo en cuenta que son 1.500 los ómnibus por los que se cobra habitualmente la subvención estatal, el monto que desembolsaría el Estado cada mes, según Cetrapam, treparía a los G. 8.100 millones. Este nuevo monto significaría el doble de lo que tenía previsto pagar el fisco a los transportistas en junio del 2011, cuando se dio inicio al subsidio (G. 4.000 millones).

Si la propuesta es aceptada por la Comisión Interinstitucional del Subsidio, este año, el Estado deberá destinar G. 95.000 millones en concepto de subvención, suma que es costeada por los ciudadanos a través de impuesto selectivo al consumo (ISC).”

El Impuesto al Consumo Selectivo es: “Es un impuesto que grava el uso o consumición de productos que no son considerados de primera necesidad; como bebidas alcohólicas,  perfumes,  joyas,  relojes  y  armas;  así  también productos que poluyen o contaminan el ambiente, como los combustibles.”

Es decir, cada vez que estamos comprando un paquete de cigarrillos, un reloj, un perfume para regalar a nuestra madre, una gaseosa, un whisky o muchísimas otras cosas más que el estado, arbitrariamente, decidió que no son de primera necesidad - ¿Existe algo más subjetivo que intentar estandarizar las necesidades primarias de cada persona? - estamos contribuyendo para la caja chica con la cual se paga a los empresarios del transporte.

Ante los dos escenarios posibles con la suba del combustible: A) Sube el precio del boleto y B) El Estado subsidia a las empresas para que el boleto no suba. ¿Cuál es la correcta? Con la suba del coste del pasaje cada usuario del servicio absorberá la suba. Con el subsidio estatal los NO usuarios del servicio de transporte público también costearan el pasaje de aquellos que si lo utilizan.

En otro post ya traté una escenario de asinceramiento del coste del pasaje del transporte de uso público e insisto de nuevo. Si el coste final debe subir que suba y que lo paguen aquellos que usamos el servicio, es inmoral someter a terceros a que carguen sobre sus espaldas nuestro estilo de vida.

Imagina que estás en tu habitación, en cama, durmiendo. Son las 3 de la mañana y tu esposa está a tu lado. Ambos intentan recuperar un poco de sueño antes de volver a arrancar la jornada laboral en apenas un par de horas. De repente un sonido extraño es detectado por tu oído y tu sentido natural de alerta hace que abras los ojos y busques en la oscuridad la fuente de ese ruido. A medida que tomas conciencia de tu ubicación y de la naturaleza de los sonidos tu cuerpo empieza a liberar adrenalina, tu corazón empieza a acelerarse y el letargo del sueño te abandona remplazado por una sensación de peligro. Tus ojos encuentran a un extraño hurgando tus cosas, revisando tus cajones, arma en mano. Afortunadamente tu también tienes un arma, está sobre tu mesa de noche, esperando a que la tomes.

Supongamos también que en ese mismo instante puedes presionar el botón de STOP de un control remoto mágico como el del personaje de Adam Sandler en la comedia con moraleja “Click” y logras parar el tiempo. En ese mismo instante, siendo invadido por un criminal armado y teniendo un arma a tu alcance cercano debes tomar una decisión:

A) Te haces del dormido y dejas que el maleante se vaya con tus propiedades, fruto de tu esfuerzo, y luego haces una denuncia policial. Sabes que te arriesgas a que nunca recuperes tus posesiones ya que es la norma en este tipo de situaciones pero decides hacerlo porque cazar al criminal es tarea de la Policía.

B) Forcejeas con el maleante inclusive amenazándolo con tu arma para que se rinda y deje tus posesiones en su lugar. Llamas a la policía que viene a recogerlo y se inicia un proceso judicial en su contra en donde probablemente ganes ya que fue detenido en delito flagrante. El riesgo es que el maleante busque venganza al salir de la cárcel o a través de amigos o familiares.

C) Tomas el arma de tu mesa de noche y sin mediar palabra disparas a matar. El maleante muere y tu argumentas defensa propia sabiendo que de cualquier manera la Justicia abrirá un proceso en tu contra por, muy probablemente, homicidio doloso con el atenuante de la excitación emocional. Te arriesgas a una demanda por resarcimiento económico de parte de la familia del maleante y a la presión de los grupos llamados de defensa de los derechos humanos. Así mismo disparar a herir para luego entregar a la policía trae los mismos inconvenientes que el punto B.

Ahora volvamos a la realidad. No tenemos ese control remoto mágico que nos permite utilizar tiempo parado para pensar y tomar la decisión que creemos correcta. El maleante está al acecho, cada vez más cerca y debes actuar. ¿Qué harás? ¿Qué decisión tomarás? ¿Defenderás a tu familia y a tu propiedad a todo lugar o buscarás ayuda de las agencias del Estado? Es una pregunta que todos deberíamos hacernos desde ya, en el seguro refugio de nuestra imaginación. Personalmente he pensado en esta situación durante mucho tiempo y mi mente ya está entrenada para tomar la legítima decisión de defender mi vida y mis posesiones aunque esto implique tomar la vida de quien decidió no respetar la mía.

Este es un llamado a la defensa propia como argumento legítimo para la protección de la vida y propiedad de cada uno. Es hora de que la Justicia del Estado deje de procesar a quienes, amparados en su derecho natural, defienden lo que es suyo.

Te pido que comiences a pensar en qué harías tú.

Una de las ventajas de ser un planificador central, es decir, ser miembro de la élite política estatal que planifica las políticas económicas del país, es que todo el dinero que se maneja lo generan otras personas. No hay un sentido estricto de pertenencia hacia el volumen de riqueza que se decide destinar a distintas agencias estatales o - y este es el caso de hoy - privadas. Al no haber puesto tiempo ni esfuerzo para conseguir ese dinero  los planificadores del estado toman todo tipo de decisiones que una persona que haya sudado por su dinero no lo harían.

Otra cosa que aman los planificadores centrales más que el dinero ajeno es el control total. Para ser un buen planificador del estado hay que estar en control absoluto de todos los medios para lograr dicha planificación. No sólo el dinero es necesario, sino también ser dueño de las cañerías por donde irá a circular. Un buen planificador central es capaz de soltar el dinero antes que el control de las pasarelas por donde este termina circulando.

El estado paraguayo, como todo estado burocrático, tiene cientos de agencias de planificación central que sirven a todo tipo de propósitos pero con el mismo fin, el control total y absoluto del flujo de bienes y servicios, especialmente los de mayor demanda. El transporte público - público de acceso no de propiedad - es un servicio de gran demanda en todas las ciudades del mundo ya es poca la gente logra la rara coyuntura de vivir a una distancia de pie de donde trabaja. Es enorme el número de personas que no posee algún tipo de vehículo y otro nada despreciable de personas que deciden viajar en bus antes que en su propio móvil por cuestiones de costo/beneficio.

La agencia de planificación central para el transporte público la ciudad de Asunción se llama SETAMA (Secretaría de Transporte del Área Metropolitana) y su principal fin es - fuera de todo el palabrerío ridículo que se puede ver en el sitio web setama.gov.py -  es el de concesionar los recorridos de buses en su área de influencia. Los recorridos de buses son un bien escaso y de gran demanda por parte de los empresarios del transporte, un buen recorrido puede dejar mucho más dinero que uno corto o pobre de demanda y por lo tanto se otorgan según licitación. La escasez de recorridos hace que cada uno tenga un enorme valor para los empresarios que explotarán los vicios de la planificación central para obtenerlos.

Del otro lado de la acera se encuentra CETRAPAM (Centro de Empresarios del Transporte de Pasajeros del Área Metropolitana) que aglutina a todos los empresarios que trabajan con la SETAMA para proveer de las unidades que irán a explotar comercialmente el trazado que permitido por esta. La ecuación es simple, el estado (SETAMA) pone las calles (que son de su propiedad) y el sector privado (CETRAPAM) pone los buses que servirán para mover a la gente de un lado al otro cobrando un pasaje fijo establecido por el Estado cuidando tanto los intereses del empresariado como de los usuarios en este aspecto (fijación de precios). El servicio del transporte de carácter público es uno bien sensible porque se puede considerar como “básico” ya que la escases del mismo generará problemas al llamado “pueblo” y aquí encontramos el primer “punto de quiebre” que desencadena la situación actual.

Los buses se mueven con gasoil (diesel) cuya compra se realiza a través de otra agencia del estado, PETROPAR, (aunque se puede importar también de manera privada) y se vende desde allí al sector privado de manera subvencionada, o sea, el Estado absorbe parte del coste para ofrecer un precio final menor. El precio del gasoil es parte fundamental de la ecuación para obtener el precio final del pasaje por lo que cada suba del mismo o en todo caso una suba del dólar (moneda en la cual se compra el combustible) hace que el coste del pasaje suba. El Estado entiende que una suba del pasaje generará descontento en el público y lo que hace es subvencionar el mismo. Es decir absorbe la diferencia de precio viejo-precio nuevo del pasaje y se la entrega a los empresarios en forma de subsidio efectivo con lo que se logra que esta diferencia la pague no solamente los usuarios del servicio (lo que se lograría subiendo el pasaje) sino que lo pagan todos los contribuyentes, hasta los que no usan el transporte público. La amenaza del paro de servicios es el arma en manos de los empresarios con el que apuntan al estado que no se anima a dejarlos quebrar en caso de ineficiencia.

Ante este escenario desastroso de planificación central la solución es otorgada por el libre mercado:

1) Se debe desarticular la SETAMA. Que todos los recorridos no sea adjudicados por licitación sino explotados por competencia libre y sana. Que los empresarios pequeños y medianos puedan armar sus unidades y lanzarlas a competir libremente. Que los innovadores encuentren su lugar fuera de la rosca mafiosa de la planificación central.

2) Se debe liberar el precio del pasaje. Que cada empresa cobre lo que mejor le parezca y que la elección de usar tal o cual empresa quede a manos del usuario según costo/beneficio. El mercado ajustará eventualmente los mínimos y máximos de manera natural.

3) Se debe dejar de subsidiar la compra de gasoil. Para conseguir un precio real en el coste del pasaje el coste de los insumos también debe ser real.

4) Eliminar todo tipo de subsidio al sector privado. Una empresa que no puede construir un servicio de manera eficiente está condenada a la quiebra y hay que dejar que el mercado siga su curso natural. La quiebra es una depuración del mercado que castiga a los que eluden la eficiencia e innovación.

Pero antes que nada el Estado debe dejar de ceder a las presiones de un sector privado sanguijuela y que parados utilizando la necesidad primaria del servicio que brindan extorsionan a los tontos planificadores centrales.

Los usuarios del transporte público también tienen una fuerte elección que hacer. O siguen apoyando la presión de la CETRAPAM para que el Estado aumente los subsidios o entienden que el paro total del transporte es el paso necesario para que se corte el oxigeno estatal y que las empresas ineficientes mueran ahogadas.

Yo apoyo lo último, prefiero caminar a seguir pagando subsidios.

The Daily Bell realizó una entrevista al Dr. Hans-Hermann Hoppe sobre la inviabilidad de un Gobierno Único Mundial y el fracaso de la Democracia al estilo occidental. La misma se puede leer completa en este link y recomiendo fuertemente que lo hagan pero rescato este segmento en donde el Dr. Hoppe habla sobre la democracia.

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The Daily Bell: ¿Porqué la democracia es “el Dios que falló?” [En referencia al título de su obra]

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: La forma de estado tradicional, pre-moderna, es la de una monarquía (absoluta). El movimiento democrático fue dirigido contra los reyes y las clases hereditarias de la nobleza. La monarquía fue criticada por ser incompatible con el principio básico de “igualdad ante la ley”. Se basaba en privilegios y era injusta y explotadora. Se creyó que la democracia sería la solución a esta situación. Al permitir la participación y la libre entrada al gobierno estatal a todas las personas en igualdad de condiciones, proclamaban los defensores de la democracia, la igualdad ante la ley sería realidad y reinaría la verdadera libertad. Pero todo esto es una gran equivocación.

Es cierto que bajo la democracia cualquiera puede ser rey, por así decirlo, y no sólo un círculo privilegiado de personas. Así, en una democracia, teóricamente no existen privilegios personales.Sin embargo si existen privilegios funcionales y funciones privilegiadas. Los funcionarios públicos, si actúan en carácter oficial, son gobernados y protegidos por el derecho público “y por tanto ocupan una posición privilegiada vis-à-vis las personas que actúan bajo la mera autoridad del “derecho privado”. En particular, los funcionarios públicos están autorizados para financiar o subvencionar sus propias actividades por medio de impuestos. Es decir, están autorizados a practicar, y vivir a costa de lo que, en el ámbito privado, entre sujetos de derecho privado, está prohibido y se considera “robo” y “expoliación”. Así que el privilegio y la discriminación legal – y la distinción entre gobernantes y súbditos – no desaparecen en la democracia.

Peor aún: bajo la monarquía, la distinción entre gobernantes y gobernados es clara. Sé, por ejemplo, que nunca llegaré a ser rey, y debido a eso tenderé a resistir los intentos del rey de aumentar los impuestos. Bajo la democracia, la distinción entre gobernantes y gobernados se vuelve borrosa. Puede surgir la ilusión que “nos gobernamos a nosotros mismos”, haciendo que la resistencia contra el aumento de los impuestos sea disminuida en consecuencia. Yo podría terminar en el extremo receptor: como receptor de impuestos en lugar de alguien que paga impuestos, y en ese caso vería la tributación desde un punto de vista más favorable.

Y además: siendo un monopolista hereditario, el rey considera el territorio y las personas bajo su dominio como su propiedad personal. Consecuentemente irá a explotar monopolísticamente esa “propiedad”. Bajo la democracia, el monopolio y la explotación monopolística no desaparecen. Más bien, lo que pasa es esto: en vez de un rey y una nobleza, que consideran al país como su propiedad privada, se coloca un custodio, temporal e intercambiable, al mando monopólico del país. El custodio no es propietario del país, pero mientras esté en el poder podrá utilizarlo legalmente para beneficio suyo y de sus protegidos. Es dueño del uso corriente – del usufructo – pero no es dueño de la riqueza, del capital, del país. Esto no elimina la explotación. Por el contrario, hace que la explotación sea menos sopesada, menos medida y llevada a cabo con poca o ninguna consideración para con el capital del país. La explotación se vuelve más intensa y se promueve sistemáticamente el consumo del capital.

El estado es el enemigo de todos. ¿Por qué no lo entienden los manifestantes? Porque son víctimas de la propaganda del estado, distribuida en escuelas públicas, que intenta echar la culpa de todo el sufrimiento humana a las partes privadas y la libre empresa. No entienden que el enemigo real es la institución que les lava el cerebro par que piensen como piensan.

Mucho se ha escuchado y leído sobre los movimientos de ocupaciones nacidos desde “Occupy Wall Street”. Si bien el enojo y el descontento están de alguna manera justificados es interesante como muy pocos de los manifestantes - por no decir ninguno - tienen muy clara la película sobre quiénes son “los malos”.

Abordando este asunto rescatamos un artículo escrito por el libertariano Lew Rockwell Jr. en donde hace una radiografía clara de ese tan criticado 1% de la población norteamericana que condensa toda la riqueza de la nación. Rockwell Jr. describe con la claridad con la que nos tiene acostumbrados la realidad de una Norteamérica estatizada hasta la médula.

Una lectura que los chicos de #OWS deberían encontrar en su camino de lucha.

Todos llegamos, alguna vez, a América. Los que ahora son originarios llegaron hace quién sabe quince, diez mil años. Y desde entonces fueron cambiando de lugares y poderes: un pueblo ocupaba un espacio, después otro lo sacaba de allí o lo sometía y después otro –como sucede en todas partes, penosamente, siempre. Pero la historia oficial biempensante arma una especie de cuadro ahistórico, idílico, estático en que, alrededor del año 1500, había pueblos originarios casi felices y muy legítimos y consustanciados con sus territorios, y llegaron unos señores malos y pálidos que los corrieron a gorrazos.

Ayer se cumplieron 519 años de la llegada de los colonos europeos a América y en todas las redes sociales hubo una avalancha de comentarios a favor de los derechos de los llamados “pueblos originarios” o “nativos”. El debate, si es que hubo tal cosa, giró en torno a las matanzas y a la ruptura de las tradiciones para la imposición de credos y costumbres ajenas.

El periodista argentino Martín Caparrós expresó sus opiniones sobre este hecho de manera magistral en su artículo llamado “Qué fantástica esta fiesta” para el periódico español El País.

Vale la pena leerlo y escuchar otra campanada.

Country [society] is a concept of peace, tolerance, of living and letting live. But State is essentially a concept of power, of competition; it signifies a group in its aggressive aspects. And we have the misfortune of being born not only into a country but into a State, and as we grow up we learn to mingle the two feelings into a hopeless confusion.

Randolph Silliman Bourne (1886-1918)

uniteordie:

socialismartnature:

BBC Reporter Speechless As Trader Tells The Truth: “The Collapse Is Coming…And Goldman-Sachs Rules The World”

“Governments don’t rule the world, Goldman Sachs does.” Here it is in black-and-white, folks. The capitalists of the world are prepared to idly play their golden fiddles as the economy burns and millions of lives turn to shit.

spread this round guys.

WOW… how long until this guy dies in a “freak accident” or suddenly contracts a fatal disease?

(via uniteordie-deactivated20120818)